lunes, 27 de septiembre de 2010

Sobre los dinosaurios.

¿Estoy rallado con los dinosaurios?
La respuesta es sí. Porque mi cerebro de humano tiende a asociar todo, la realidad con el pasado, y los sueños con las verdades.

¿Cómo sería un dinosaurio en la actualidad?
Sería triste. Quizás como un elefante, encerrado, exhibido, magnífico, perfecto, una obra de la arquitectura de la vida tan propia de nuestra tierra y tan perfectamente mantenido como el ser humono puede mantener. Humono lo dije a propósito, si del mono no creo que nos separen más de dos letras.

Como conclusión digo, que si alguna vez existió algo tan inmenso como un dinosaurio, entonces lo mejor que pudo haberle ocurrido, fue la extinción. Los salvó de la esclavitud a la que se someten las formas de vidas a las que podemos darles utilidad, o la muerte de aquellos que pretenden vivir donde ahora hacemos "villas" que para la tierra misma, son sola rocas sobre ellas, tapándole la visión del cielo.

¿Estoy enojado? Sí, porque fui al campo y ya no es campo, son casas separadas por unos cuantos metros. No hay largas caminatas sin cruzar un patio, o grandes árboles sin ser profanados por la sed de estufa de algunos. Por eso estoy furioso, por eso escribo sobre dinosaurios...

Y porque a veces soy un taimado que sólo escribe leseras.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Así son las cosas.

Creí que era sólo una recurrente excusa para ausentarse del trabajo. Creí que todo era mentira y que nadie decía la verdad.

Y la verdad entonces es que hay quien descubre el nulo valor de su propia vida, y junto con descubrirlo y no hallar maneras de cambiarlo, está lo que niego. La depresión.

Tanto tiempo arrastrado sin creerles, y tan poco necesario para sí hacerlo.

Es el sentirse como un edificio en ruinas., cuya demolición es la manera única de darle valor.

Es que está tu familia, valorándote por ser su familiar. ¿Y qué importa? ¿Qué ocurriría de no ser su pariente?

Está el sexo opuesto y las bondades de la vida en pareja, amor que valoro de mayor manera, puesto que no es algo impuesto, es libre, nace, crece y muere. Pero en sentirlo y saber sentirlo, así como en poder hacerlo sentir, yace el dilema de sentir mucho y hacer sentir poco. De amar perdidamente y solo ser querido como un humano cualquiera quiere a otro. De ser amado perdidamente y sentir que no es suficiente.

Tanto tiempo sin creer su existencia y negarla. Tanto tiempo diciéndole no a una realidad que ahora veo tan propia.


domingo, 5 de septiembre de 2010

Breve.

Los hombres hablan el lenguaje de las palabras. Las demás criaturas hablan el lenguaje de la tierra. Los árboles dicen algo y el viento lo lleva al mundo. Los hombres decimos algo y sólo otro hombre puede entendernos y del viento, sólo entendemos el aire.

Los animales se defecan por todo el paisaje y el paisaje se embellece. El humano crea bellezas arquitectónicas y de paso, despedaza al paisaje.

A veces, cuando siento que los árboles dicen muchas cosas, como hoy, pienso que quizá no estamos hechos para la vida en la tierra.

jueves, 12 de agosto de 2010

De escuchar e interpretar.

Me gusta el modo de pensar que tienen algunos. Hasta los envidio por no llegar yo a tales modos, y conservarme tan terco en mis ideas.

Una sabia mujer de risueñas facciones, en un severo debate sobre lo correcto y lo no respecto de la creencia más que chilena sobre el amor que de estar escrita en un libro, sería algo así como "no ames hasta que te amen", me hizo ver que algo así pensaba yo.

Y sin cambiar sus risueñas facciones me dijo "Yo amé y entregué todo. Sufrí mucho, pero el amor de mi parte no falló. Quien busca amar sin sufrimiento, busca sufrimiento desde antes de amar".

Y con tal oración, no me quedó más que darme cuenta lo patéticos que somos. Lo acomodados, asegurados, cobardes, hipócritas que somos. Lo humanos que somos.

Quiero ser como ella. Quiero sufrimiento. Quiero mucho sufrimiento, pero lo importante, es no temerle a amar por él. Deseo profundamente entregarlo todo a ciegas, sin temor a los porvenires o a las frías frases de quienes son como yo deseo dejar de ser. De quienes no han hablado con una sabia mujer un poco entrada en años, con el corazón partido y una sonrisa más grande que quienes aún lo conservamos en una sola pieza.

Entonces, no dejo de pensar cuántas cosas más estúpidas puedo mejorar en mi día a día, para alejarme más de este prototipo de tauro, obstinado, obsesivo, poco tolerante y de malas reacciones.

Definitivamente, necesitamos a los mayores. No imagino una vida en la que sepamos nada y a la vez, no recibamos orientación de quien al menos, ha vivido algo más.

martes, 10 de agosto de 2010

Asunto espiritual.

El otro día oí decir a alguien sobre la fascinación que le causaba aprender cosas espirituales, o que alguien le dijera lo que era mejor para su alma.

Pensé que en el medioevo, esa especie de gente se había extinto. Ésos holgazanes internos buscando un párroco que dé consejos en primera instancia, y luego culpándolo por no poder llenar los vacíos de su interioridad.

Creo que la vida en sí, es una búsqueda de respuestas. Encontrarlas o no, es algo que depende de cada uno. Pero de ese punto, a pedir respuestas a modo de exigencia a cualquier otro humano, no es más que asumir que las vidas de cada uno han seguido los mismos pasos, han hecho aflorar las mismas dudas y han generado los mismos vacíos.

Educar a alguien en lo espiritual no debe, para bien de cada uno, dar respuestas. Más bien, debe dar más dudas. No debe argumentar a favor de algo, sino en contra de todo. Es así, como generaremos personajes ávidos de cultura que la historia se negará a olvidar, y nosotros mismos no debemos olvidar que seremos historia. Sólo controlamos que tan largo es el párrafo de nosotros que se escribirá en ella.

Ahora bien, si somos fans de la guerra de las galaxias, y a la vez disfrutamos de practicar pedagogías como hobbie, entonces entrenar una armada de clones cuyos razonamientos son idénticos, cuyas dudas iguales y de los cuáles no habra legado digno de recordar, entonces digámosles que camino seguir, por donde las masas acatarán en un ciento por ciento lo que afirmen, por donde está asegurado su porvenir.

Dejemos que piensen. Nosotros podemos hacerlo también por nuestra propia cuenta.

Me desagrada mucho el medioevo!

domingo, 8 de agosto de 2010

Agosto cáyate, por favor.

No puedo creer que he escrito más en este agosto que en todo mi tiempo de bloggero. Lo malo es que no se acaba, siguen naciéndome cosas para narrar, sigo recordando palabras, caras, gestos para hacer historias.

Agosto, ya cáyate. Me recuerdas que debo moderar mis impulsos de idiotez.

Por favor, agosto, guarda silencio. Necesito concentrarme en un rostro.

Agosto, me desesperas, mis dedos están cansados.

No seas insistente. Tu vida no será más que los 22 días que nos separan de tu final, aunque narre mi vida, te acabarás.

Agosto, no eres eterno. ¡Para nada eterno! Pocas cosas lo son, tu vida es tan breve como la de las letras en la lectura, que con menos de un vistazo quedan arrasadas y luego, flotando en un mar de letras sin fin.

Agosto, me pones nervioso. Me molestas con tu presencia, me distraes. Me relaja verte, me estresa el pensar que te acabarás. Tu partida significará el final de algo bueno y el comienzo de algo no tanto.

Agosto, ¿sabes qué? quédate. Me caíste bien, aunque tus amigos gatos copulen en descontrol por doquier, aunque llueva con sol o haga frío y calor. Agosto, quédate a acompañar este cuerpo avejentado con temores futuristas y sueños de colores.

Reloj.

Te odio, aparato tic-toc. Me carga cuando te inyectas éxtasis y sólo quisiera que te detuvieras. Me desagradas cuando juegas al "congelao" y te suplico que avances más veloz.

Te odio, porque mides el tiempo. ¿Cómo es posible? ¡Medir el tiempo! Como si no fuese suficiente saber que el tiempo no es nuestro y escapa de nosotros, llegaste tú a decirnos cuanto falta para aquello, cuán tarde es para esto otro.

Nuestra especie tiene esta obsesión loca por cederle los derechos de la vida a objetos inanimados. Es una dependencia de la dependencia, lo que nos va debilitando y en este caso, de manera inconsciente, nos hace sentir viejos, nos arruga el rostro, nos caga la vista.

Pensaba lo maravilloso de un mundo libre, con cositas creadas en la sana búsqueda del bien común. La felicidad no sería un lujo. No nadaríamos por el tiempo tan distraídos de las maravillas de las que es creador.