jueves, 12 de agosto de 2010

De escuchar e interpretar.

Me gusta el modo de pensar que tienen algunos. Hasta los envidio por no llegar yo a tales modos, y conservarme tan terco en mis ideas.

Una sabia mujer de risueñas facciones, en un severo debate sobre lo correcto y lo no respecto de la creencia más que chilena sobre el amor que de estar escrita en un libro, sería algo así como "no ames hasta que te amen", me hizo ver que algo así pensaba yo.

Y sin cambiar sus risueñas facciones me dijo "Yo amé y entregué todo. Sufrí mucho, pero el amor de mi parte no falló. Quien busca amar sin sufrimiento, busca sufrimiento desde antes de amar".

Y con tal oración, no me quedó más que darme cuenta lo patéticos que somos. Lo acomodados, asegurados, cobardes, hipócritas que somos. Lo humanos que somos.

Quiero ser como ella. Quiero sufrimiento. Quiero mucho sufrimiento, pero lo importante, es no temerle a amar por él. Deseo profundamente entregarlo todo a ciegas, sin temor a los porvenires o a las frías frases de quienes son como yo deseo dejar de ser. De quienes no han hablado con una sabia mujer un poco entrada en años, con el corazón partido y una sonrisa más grande que quienes aún lo conservamos en una sola pieza.

Entonces, no dejo de pensar cuántas cosas más estúpidas puedo mejorar en mi día a día, para alejarme más de este prototipo de tauro, obstinado, obsesivo, poco tolerante y de malas reacciones.

Definitivamente, necesitamos a los mayores. No imagino una vida en la que sepamos nada y a la vez, no recibamos orientación de quien al menos, ha vivido algo más.

martes, 10 de agosto de 2010

Asunto espiritual.

El otro día oí decir a alguien sobre la fascinación que le causaba aprender cosas espirituales, o que alguien le dijera lo que era mejor para su alma.

Pensé que en el medioevo, esa especie de gente se había extinto. Ésos holgazanes internos buscando un párroco que dé consejos en primera instancia, y luego culpándolo por no poder llenar los vacíos de su interioridad.

Creo que la vida en sí, es una búsqueda de respuestas. Encontrarlas o no, es algo que depende de cada uno. Pero de ese punto, a pedir respuestas a modo de exigencia a cualquier otro humano, no es más que asumir que las vidas de cada uno han seguido los mismos pasos, han hecho aflorar las mismas dudas y han generado los mismos vacíos.

Educar a alguien en lo espiritual no debe, para bien de cada uno, dar respuestas. Más bien, debe dar más dudas. No debe argumentar a favor de algo, sino en contra de todo. Es así, como generaremos personajes ávidos de cultura que la historia se negará a olvidar, y nosotros mismos no debemos olvidar que seremos historia. Sólo controlamos que tan largo es el párrafo de nosotros que se escribirá en ella.

Ahora bien, si somos fans de la guerra de las galaxias, y a la vez disfrutamos de practicar pedagogías como hobbie, entonces entrenar una armada de clones cuyos razonamientos son idénticos, cuyas dudas iguales y de los cuáles no habra legado digno de recordar, entonces digámosles que camino seguir, por donde las masas acatarán en un ciento por ciento lo que afirmen, por donde está asegurado su porvenir.

Dejemos que piensen. Nosotros podemos hacerlo también por nuestra propia cuenta.

Me desagrada mucho el medioevo!

domingo, 8 de agosto de 2010

Agosto cáyate, por favor.

No puedo creer que he escrito más en este agosto que en todo mi tiempo de bloggero. Lo malo es que no se acaba, siguen naciéndome cosas para narrar, sigo recordando palabras, caras, gestos para hacer historias.

Agosto, ya cáyate. Me recuerdas que debo moderar mis impulsos de idiotez.

Por favor, agosto, guarda silencio. Necesito concentrarme en un rostro.

Agosto, me desesperas, mis dedos están cansados.

No seas insistente. Tu vida no será más que los 22 días que nos separan de tu final, aunque narre mi vida, te acabarás.

Agosto, no eres eterno. ¡Para nada eterno! Pocas cosas lo son, tu vida es tan breve como la de las letras en la lectura, que con menos de un vistazo quedan arrasadas y luego, flotando en un mar de letras sin fin.

Agosto, me pones nervioso. Me molestas con tu presencia, me distraes. Me relaja verte, me estresa el pensar que te acabarás. Tu partida significará el final de algo bueno y el comienzo de algo no tanto.

Agosto, ¿sabes qué? quédate. Me caíste bien, aunque tus amigos gatos copulen en descontrol por doquier, aunque llueva con sol o haga frío y calor. Agosto, quédate a acompañar este cuerpo avejentado con temores futuristas y sueños de colores.

Reloj.

Te odio, aparato tic-toc. Me carga cuando te inyectas éxtasis y sólo quisiera que te detuvieras. Me desagradas cuando juegas al "congelao" y te suplico que avances más veloz.

Te odio, porque mides el tiempo. ¿Cómo es posible? ¡Medir el tiempo! Como si no fuese suficiente saber que el tiempo no es nuestro y escapa de nosotros, llegaste tú a decirnos cuanto falta para aquello, cuán tarde es para esto otro.

Nuestra especie tiene esta obsesión loca por cederle los derechos de la vida a objetos inanimados. Es una dependencia de la dependencia, lo que nos va debilitando y en este caso, de manera inconsciente, nos hace sentir viejos, nos arruga el rostro, nos caga la vista.

Pensaba lo maravilloso de un mundo libre, con cositas creadas en la sana búsqueda del bien común. La felicidad no sería un lujo. No nadaríamos por el tiempo tan distraídos de las maravillas de las que es creador.

Los otros.

Meditando me di cuenta lo difícil que es ser de mi agrado. Dentro mis mañas y manías que son como miles, ésto lo había pasado por alto. Me caen mal todos, hasta que los conozco... y nunca quiero conocerlos.

Siempre se dan mis amistades por casualidad, por sucesos paranormales, terremotos, cosas inusuales. Nunca un día decido, por ejemplo, acercarme a alguien con intenciones de amistad.

Me gusta observarlos. Soy plenamente consciente de que no soy superior a nadie, pero estoy seguro de que intento gran parte del tiempo, suprimir la parte de simio primitivo en mi interior para no tener tanto tema de conversación en común con ciertos monos que veo a cada momento y en cada lugar.

Los he apreciado luchando por hembras, o luchando por machos. Los he visto engañarse unos a otros por dinero y luego los he visto llorar de arrepentimiento. Siento que al final, casi todos responden a un mismo patrón de comportamiento. Y no es que me agraden los que no, sólo me llaman la atención.

Desconfío de todos, me cuesta mucho creerle algo a alguien. Los he visto engañarse de tantas formas y maneras, a quienes incluso parecían tan sublimes, que ya casi es mejor simplemente asentir que confiar.

A veces son celos. Celos de cualquier cosa. Aunque creo que más que celos, es como una técnica de autodefensa, una forma del organismo de decir "mira, siente esta punzada dolorosa... si sigues creyéndole así te terminarás sintiendo". No sé, puede que exista alguien más, pero cualquier cosa referida a dolor, se traspasa directamente a mi estómago. Para decirlo de manera directa, si alguien te engaña, la guatita se desespera y te causa dolor.

Por eso suelo no creer cuando me dicen algo. Tanto porque tengo mucho miedo al sufrimiento, como porque al final, somos monos disfrazados de humanos.

Los veo aparentar cosas que no son para impresionar, vestirse de un modo para sentirse especiales, acomodarse a las situaciones para sobrevivir, mentir descaradamente para aplazar los problemas, los veo hacerse los estúpidos para ser escuchados por los más compasivos, o hacerse los compasivos para seducir a los débiles, negar los amores que sienten, enmascarar los dolores con carcajadas, dispararle a hermanos, ignorar sus creencias, carecer de principios... y en un momento, todos son iguales. Todos me dan lástima y me hacen sentir inútil por no poder repararlos, suponiendo que deseen dejar las bananas y las monerías.

Cosas de antes.

Tiembla el cristal. Había entrado furioso al cuarto, aturdiendo de dolor la pared con el cabezazo feroz de la puerta. Tiembla todo en el cuarto, incluso él.

Pocos días había caminado tanto, pocos días había llovido tanto. Pocas veces, probablemente nunca, una chica de sweater gris le había causado tantas cosas divinas y a la vez, tal maldición en la memoria.

Su colorada guarida oculta, en un camino sin destino. La vecindad solitaria donde el beso se hizo puñal, se clavó en la memoria y aún deja sangrar la herida certera del corazón.

En su breve vida, los caminos interminables simpre habían sido interminables, pero con ella, el tiempo parecía acelerarse, entusiasmarse, como estaba él, con su sola presencia.

Ya ha pasado tiempo. Él aun tiembla. No disfruta hoy de los días lluviosos, tiene una herida que sangra, tiene recuerdos abrigados con un sweater gris, tiene en su habitación, muebles que rechinan de miedo cada vez que el cielo se nubla y deja caer llanto, quizás por ese recuerdo disfrazado de espina que el joven no puede olvidar.

martes, 3 de agosto de 2010

# 123

En un sueño de doce horas,
díjome el alba naciente:
"No le creas a la risa
de su boca que devora
a todo pobre inocente
que un beso ardiente le implora",
al confiarle yo en secreto,
que alguien mi corazón mora.

Díjele que es bella
merecedora de respeto,
que llega con el Rocío
y nace junto al Sol,
pese a que a veces trae frío,
yo le doy mi calor.

"Para incautos el amor,
yo en tu lugar no me fío.
Suplícote amigo mío,
te niegues a toda ilusión",
respondió el alba entonces,
al oír apelación.

Se fue entonces en silencio,
y no le volví a llamar.
¡Ilusa alba naciente!
¿Tan difícil es de repente,
ser capáz de adivinar,
que tu vienes con el Rocío
y vas de montaña a mar?