martes, 3 de agosto de 2010

# 123

En un sueño de doce horas,
díjome el alba naciente:
"No le creas a la risa
de su boca que devora
a todo pobre inocente
que un beso ardiente le implora",
al confiarle yo en secreto,
que alguien mi corazón mora.

Díjele que es bella
merecedora de respeto,
que llega con el Rocío
y nace junto al Sol,
pese a que a veces trae frío,
yo le doy mi calor.

"Para incautos el amor,
yo en tu lugar no me fío.
Suplícote amigo mío,
te niegues a toda ilusión",
respondió el alba entonces,
al oír apelación.

Se fue entonces en silencio,
y no le volví a llamar.
¡Ilusa alba naciente!
¿Tan difícil es de repente,
ser capáz de adivinar,
que tu vienes con el Rocío
y vas de montaña a mar?

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