Agosto, ya cáyate. Me recuerdas que debo moderar mis impulsos de idiotez.
Por favor, agosto, guarda silencio. Necesito concentrarme en un rostro.
Agosto, me desesperas, mis dedos están cansados.
No seas insistente. Tu vida no será más que los 22 días que nos separan de tu final, aunque narre mi vida, te acabarás.
Agosto, no eres eterno. ¡Para nada eterno! Pocas cosas lo son, tu vida es tan breve como la de las letras en la lectura, que con menos de un vistazo quedan arrasadas y luego, flotando en un mar de letras sin fin.
Agosto, me pones nervioso. Me molestas con tu presencia, me distraes. Me relaja verte, me estresa el pensar que te acabarás. Tu partida significará el final de algo bueno y el comienzo de algo no tanto.
Agosto, ¿sabes qué? quédate. Me caíste bien, aunque tus amigos gatos copulen en descontrol por doquier, aunque llueva con sol o haga frío y calor. Agosto, quédate a acompañar este cuerpo avejentado con temores futuristas y sueños de colores.
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