Te odio, porque mides el tiempo. ¿Cómo es posible? ¡Medir el tiempo! Como si no fuese suficiente saber que el tiempo no es nuestro y escapa de nosotros, llegaste tú a decirnos cuanto falta para aquello, cuán tarde es para esto otro.
Nuestra especie tiene esta obsesión loca por cederle los derechos de la vida a objetos inanimados. Es una dependencia de la dependencia, lo que nos va debilitando y en este caso, de manera inconsciente, nos hace sentir viejos, nos arruga el rostro, nos caga la vista.
Pensaba lo maravilloso de un mundo libre, con cositas creadas en la sana búsqueda del bien común. La felicidad no sería un lujo. No nadaríamos por el tiempo tan distraídos de las maravillas de las que es creador.
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