Pocos días había caminado tanto, pocos días había llovido tanto. Pocas veces, probablemente nunca, una chica de sweater gris le había causado tantas cosas divinas y a la vez, tal maldición en la memoria.
Su colorada guarida oculta, en un camino sin destino. La vecindad solitaria donde el beso se hizo puñal, se clavó en la memoria y aún deja sangrar la herida certera del corazón.
En su breve vida, los caminos interminables simpre habían sido interminables, pero con ella, el tiempo parecía acelerarse, entusiasmarse, como estaba él, con su sola presencia.
Ya ha pasado tiempo. Él aun tiembla. No disfruta hoy de los días lluviosos, tiene una herida que sangra, tiene recuerdos abrigados con un sweater gris, tiene en su habitación, muebles que rechinan de miedo cada vez que el cielo se nubla y deja caer llanto, quizás por ese recuerdo disfrazado de espina que el joven no puede olvidar.
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