domingo, 8 de agosto de 2010

Agosto cáyate, por favor.

No puedo creer que he escrito más en este agosto que en todo mi tiempo de bloggero. Lo malo es que no se acaba, siguen naciéndome cosas para narrar, sigo recordando palabras, caras, gestos para hacer historias.

Agosto, ya cáyate. Me recuerdas que debo moderar mis impulsos de idiotez.

Por favor, agosto, guarda silencio. Necesito concentrarme en un rostro.

Agosto, me desesperas, mis dedos están cansados.

No seas insistente. Tu vida no será más que los 22 días que nos separan de tu final, aunque narre mi vida, te acabarás.

Agosto, no eres eterno. ¡Para nada eterno! Pocas cosas lo son, tu vida es tan breve como la de las letras en la lectura, que con menos de un vistazo quedan arrasadas y luego, flotando en un mar de letras sin fin.

Agosto, me pones nervioso. Me molestas con tu presencia, me distraes. Me relaja verte, me estresa el pensar que te acabarás. Tu partida significará el final de algo bueno y el comienzo de algo no tanto.

Agosto, ¿sabes qué? quédate. Me caíste bien, aunque tus amigos gatos copulen en descontrol por doquier, aunque llueva con sol o haga frío y calor. Agosto, quédate a acompañar este cuerpo avejentado con temores futuristas y sueños de colores.

Reloj.

Te odio, aparato tic-toc. Me carga cuando te inyectas éxtasis y sólo quisiera que te detuvieras. Me desagradas cuando juegas al "congelao" y te suplico que avances más veloz.

Te odio, porque mides el tiempo. ¿Cómo es posible? ¡Medir el tiempo! Como si no fuese suficiente saber que el tiempo no es nuestro y escapa de nosotros, llegaste tú a decirnos cuanto falta para aquello, cuán tarde es para esto otro.

Nuestra especie tiene esta obsesión loca por cederle los derechos de la vida a objetos inanimados. Es una dependencia de la dependencia, lo que nos va debilitando y en este caso, de manera inconsciente, nos hace sentir viejos, nos arruga el rostro, nos caga la vista.

Pensaba lo maravilloso de un mundo libre, con cositas creadas en la sana búsqueda del bien común. La felicidad no sería un lujo. No nadaríamos por el tiempo tan distraídos de las maravillas de las que es creador.

Los otros.

Meditando me di cuenta lo difícil que es ser de mi agrado. Dentro mis mañas y manías que son como miles, ésto lo había pasado por alto. Me caen mal todos, hasta que los conozco... y nunca quiero conocerlos.

Siempre se dan mis amistades por casualidad, por sucesos paranormales, terremotos, cosas inusuales. Nunca un día decido, por ejemplo, acercarme a alguien con intenciones de amistad.

Me gusta observarlos. Soy plenamente consciente de que no soy superior a nadie, pero estoy seguro de que intento gran parte del tiempo, suprimir la parte de simio primitivo en mi interior para no tener tanto tema de conversación en común con ciertos monos que veo a cada momento y en cada lugar.

Los he apreciado luchando por hembras, o luchando por machos. Los he visto engañarse unos a otros por dinero y luego los he visto llorar de arrepentimiento. Siento que al final, casi todos responden a un mismo patrón de comportamiento. Y no es que me agraden los que no, sólo me llaman la atención.

Desconfío de todos, me cuesta mucho creerle algo a alguien. Los he visto engañarse de tantas formas y maneras, a quienes incluso parecían tan sublimes, que ya casi es mejor simplemente asentir que confiar.

A veces son celos. Celos de cualquier cosa. Aunque creo que más que celos, es como una técnica de autodefensa, una forma del organismo de decir "mira, siente esta punzada dolorosa... si sigues creyéndole así te terminarás sintiendo". No sé, puede que exista alguien más, pero cualquier cosa referida a dolor, se traspasa directamente a mi estómago. Para decirlo de manera directa, si alguien te engaña, la guatita se desespera y te causa dolor.

Por eso suelo no creer cuando me dicen algo. Tanto porque tengo mucho miedo al sufrimiento, como porque al final, somos monos disfrazados de humanos.

Los veo aparentar cosas que no son para impresionar, vestirse de un modo para sentirse especiales, acomodarse a las situaciones para sobrevivir, mentir descaradamente para aplazar los problemas, los veo hacerse los estúpidos para ser escuchados por los más compasivos, o hacerse los compasivos para seducir a los débiles, negar los amores que sienten, enmascarar los dolores con carcajadas, dispararle a hermanos, ignorar sus creencias, carecer de principios... y en un momento, todos son iguales. Todos me dan lástima y me hacen sentir inútil por no poder repararlos, suponiendo que deseen dejar las bananas y las monerías.

Cosas de antes.

Tiembla el cristal. Había entrado furioso al cuarto, aturdiendo de dolor la pared con el cabezazo feroz de la puerta. Tiembla todo en el cuarto, incluso él.

Pocos días había caminado tanto, pocos días había llovido tanto. Pocas veces, probablemente nunca, una chica de sweater gris le había causado tantas cosas divinas y a la vez, tal maldición en la memoria.

Su colorada guarida oculta, en un camino sin destino. La vecindad solitaria donde el beso se hizo puñal, se clavó en la memoria y aún deja sangrar la herida certera del corazón.

En su breve vida, los caminos interminables simpre habían sido interminables, pero con ella, el tiempo parecía acelerarse, entusiasmarse, como estaba él, con su sola presencia.

Ya ha pasado tiempo. Él aun tiembla. No disfruta hoy de los días lluviosos, tiene una herida que sangra, tiene recuerdos abrigados con un sweater gris, tiene en su habitación, muebles que rechinan de miedo cada vez que el cielo se nubla y deja caer llanto, quizás por ese recuerdo disfrazado de espina que el joven no puede olvidar.

martes, 3 de agosto de 2010

# 123

En un sueño de doce horas,
díjome el alba naciente:
"No le creas a la risa
de su boca que devora
a todo pobre inocente
que un beso ardiente le implora",
al confiarle yo en secreto,
que alguien mi corazón mora.

Díjele que es bella
merecedora de respeto,
que llega con el Rocío
y nace junto al Sol,
pese a que a veces trae frío,
yo le doy mi calor.

"Para incautos el amor,
yo en tu lugar no me fío.
Suplícote amigo mío,
te niegues a toda ilusión",
respondió el alba entonces,
al oír apelación.

Se fue entonces en silencio,
y no le volví a llamar.
¡Ilusa alba naciente!
¿Tan difícil es de repente,
ser capáz de adivinar,
que tu vienes con el Rocío
y vas de montaña a mar?

sábado, 10 de julio de 2010

De repente

En un momento de mente loca, de pasos rápidos y de lluvia más que furiosa, uno puede cuestionarse sobre la vida misma. Y bien podría exclamar "¡qué weá wn!".

Muchos podrían decir que es un gran regalo divino. Y luego podríamos los demás decirles lo ridículo que es recibir un regalo divino, de un acto netamente ilegal para su dios.

Claro, están los que dicen que no es más que una serie de procesos que llevan a que mediante un intercambio de fluidillos, obtengamos conciencia. A ellos también podríamos decirles lo poco motivante que sería intercambiar esos "fluidillos" con una persona que así lo piense, y luego claro, nos burlaríamos todos de esos perdedores que pasan horas leyendo y buscando explicaciones que sólo encuentras cuando sales a mojarte por la calle mientras llueve, obligado por una familia hambrienta, a comprar frutas y verduras, entre otras cosas.

Podemos decir clara y objetivamente que vivimos una enfermedad de transmisión sexual, cuya cura es la muerte. "Objetivamente" claro, considerándonos a todos una gran pila de nerds.

La vida es, en resumidas cuentas, un milagro de la naturaleza, perfectamente explicable por el hombre, perfectamente inexplicable para quienes vemos en las palabras ecos vacíos de la realidad.

Digo porque creo, que no todas las cosas deben nombrarse, como si una palabra fuera capaz de sostener el peso de una idea en su cien por ciento.


L_H

miércoles, 2 de junio de 2010

Sobre lo que recuerdo

Me enamoré del pasado, creo que ya me había pasado. Me enamoré de un recuerdo medio rubio y medio moreno, que solía dormir en una parte de mi mente. Me enamoré y ya había olvidado como duele recordar mi amor por lo olvidado.

Me enamoré una vez y después intenté enamorarme, y creía lograrlo hasta que recordaba aquella vez, y más me esforzaba y al darme cuenta de lo imposible que resulta, simplemente renunciaba. Y renuncié muchas veces, pero recapacitaba. ¿Qué hacer para sentir como por vez primera, lo que por vez primera, en el tiempo, de mí se alejaba?

Y entonces renuncié a todo; al amor, a las mentiras, a los bosquejos de amor, y a los bosquejos de las mentiras.

De repente un día, fue que la vi, y de repente la recordé. Así fue que sentí dolor en una parte de mí que había olvidado y me retorcí unos segundos, como envenenado. Finalmente te vi alejarse, y vi tu mano que solía acompañar la mía y su nueva compañía. Olvidaba que amaba tu recuerdo aún, y a ti por medio de él. Olvidaba todo, tan graciosamente, pero ya recordé.

Esa es la historia del hombre que cree que el primer amor es el único de corazón, los siguientes son sólo de la mente. Y todas esas cosas...